“Hay avances en cuanto a la determinación de la importancia genética en el desarrollo de la osteoporosis”

“Hay avances en cuanto a la determinación de la importancia genética en el desarrollo de la osteoporosis”

El doctor Jesús Vidal es traumatólogo de Centro Médico El Carmen. De cara al  Día Mundial de la Osteoporosis, el próximo 20 de octubre, nos habla sobre qué es esta enfermedad, cómo se diagnostica, trata y previene, además de avances en cuanto a su influencia genética.

 

¿Qué es la osteoporosis?

La osteoporosis es una enfermedad que se caracteriza porque la estructura  y la calidad de los huesos se altera por la disminución de la masa ósea, aumentando la fragilidad y el riesgo de fracturas.

 

¿Cuáles son sus síntomas?

En general no da síntomas. La manifestación clínica de la osteoporosis es la fractura por fragilidad, que puede aparecer típicamente en la cadera, en la columna vertebral y en el radio distal, aunque también  son frecuentes las fracturas que afectan al hombro, las costillas y la pelvis.

 

¿Qué consecuencias conlleva?

La osteoporosis es una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Las consecuencias que conllevan las fracturas de osteoporosis son el impacto que suponen y el  deterioro en la calidad de vida relacionada con la salud de los pacientes que la padecen, ya que el paciente con fracturas previas tiene mayor riesgo de nuevas fracturas en diversas localizaciones.  Ello implica dolor, mayor dependencia para las actividades de la vida diaria, deformidades vertebrales… además del elevado coste económico derivado de los servicios médicos y de los cuidados derivados de las personas dependientes.

 

¿A quién afecta principalmente?

La edad Influye, debido a la involución fisiológica del cuerpo humano,  y  también del hueso, que se acelera en el sexo femenino. Las mujeres mayores de 50 años, son los pacientes   a las que afecta fundamentalmente por la deficiencia de estrógenos tras la menopausia, aunque también afecta al hombre de manera frecuente.

Durante las primeras décadas de vida es cuando el esqueleto alcanza su máximo desarrollo, lo que los médicos llamamos el “pico de masa ósea”, que se va perdiendo progresivamente  a partir de la cuarta década de la vida. Este pico de  cantidad y calidad de hueso depende de la herencia, el sexo, la actividad física y el estado hormonal del organismo y generalmente es mayor en el  hombre que en la mujer Las personas que no han llegado a una masa ósea adecuada al final tendrán un mayor riesgo de padecer osteoporosis y aumento del riesgo de fracturas a partir de cierta edad.

 

¿Cómo se trata?

El tratamiento debe basarse en dos pilares, el primero consiste en modificar los hábitos nutricionales y el estilo de vida, y el segundo aspecto es el farmacológico. Medidas generales, como suprimir el tabaco, evitar el consumo de alcohol, la realización de ejercicio físico, sobre todo al aire libre para mejorar la exposición a la luz solar y favorecer la síntesis de vitamina D en la piel. Aumentar la ingesta diaria de calcio y vitamina D. En personas de edad avanzada, considerar estrategias para la prevención de caídas.

Además el tratamiento farmacológico tiene como objetivo  no solo aumentar la masa ósea, también reducir el riesgo de fracturas.

 

¿Se puede prevenir? ¿Cómo?

Existen factores hereditarios y genéticos sobre los que no podemos influir.

Sin embargo, hay una serie de ellos  que afectan en su evolución y se pueden modificar. El aumento de la  actividad física, evitar el abuso del tabaco y el alcohol, y aumentar el aporte de calcio y vitamina D en la dieta son aspectos relevantes.

 

¿Qué avances hay en cuanto a su diagnóstico y tratamiento?

Se producen avances en cuanto a la determinación de la importancia genética en el desarrollo de la osteoporosis, identificando el gen o los genes implicados en el padecimiento, aunque se ve dificultada por el carácter multifactorial de la enfermedad.

El diagnóstico se establece todavía con la realización de una densitometría ósea, que mide eficazmente el contenido mineral en una determinada región del esqueleto. Es el mejor factor pronóstico individual de riesgo  de fractura y evalúa la eficacia del tratamiento.

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